Cuando el día pese más de lo normal, y el mundo parezca ir demasiado rápido, detente un momento.
Respira profundo tres veces. No para huir, sino para quedarte.
Enciende una vela (real o imaginaria) y piensa en alguien que esté pasando por un momento difícil.
Si eres tú, también vale.
Di en silencio o en voz baja:
"Que no falte la calma cuando todo apriete. Que llegue ayuda, aunque sea pequeña. Que haya comprensión antes que juicio. Y que la esperanza encuentre una rendija por donde entrar"
Permanece unos segundos ahí.
No pidas milagros. Pide claridad, fuerza suave, compañía. Y cuando termines, recuerda esto:
"Escuchar, abrazar, hablar, estar también es una forma de luz"
✨ Para quien lo lea:
A veces no podemos arreglar la vida. Pero casi siempre podemos acompañarla.
Y eso ya cambia muchas cosas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
¿Te ha gustado?